Soñaba con otro futuro
De chico soñaba con cómo estos aparatos, teléfonos como el Nokia N95, iban a cambiar y mejorar el mundo. Imaginaba un futuro en el que todos tuvieran teléfonos mejores que el Nokia N95: más económicos, accesibles, y potentes. Un futuro en el que la tecnología nos diera más libertad y tiempo, nos ayudara en el día a día, a mejorar, a estudiar mejor, a tener mejor salud...
La realidad fue otra. Nos terminaron idiotizando a través de las redes sociales, diseñadas para generar adicción y dependencia, para que no podamos soltar la pantalla.
La obsolescencia programada
Nos viven ganando. Diseñan dispositivos que en poco tiempo se ponen lentos y quedan "obsoletos" a fuerza de actualizaciones de software, para obligarnos a comprar uno nuevo una y otra vez. Y lo más absurdo: esos aparatos son millones de veces más potentes que un simple Nokia N95 de 2007.
La humanidad genera alrededor de 62 millones de toneladas de basura electrónica al año. Para tener una magnitud clara, equivale al peso de más de 138.000 aviones de pasajeros. Y se calcula que la cifra superará los 75 millones de toneladas anuales antes de que termine la década.
Te alquilan hasta la cuchara
Hoy quieren esclavizarnos con suscripciones que hay que pagar mes a mes. Y no solo para el ocio: apuntan a volverse indispensables en tu trabajo y en tu vida.
¿Te imaginás que tu herramienta de trabajo, esa con la que te ganás el dinero para vivir, tuviera una suscripción mensual? ¿Que no sepas si te van a aumentar el precio o cambiar los términos y condiciones? ¿O que un día, por un bloqueo, ya no puedas trabajar en tu propio país? No es ciencia ficción, ya pasó:
Imaginate que un albañil tuviera que pagar todos los meses para usar su cuchara y levantar una pared... Es ridículo.
El software cerrado es una caja negra
Hay un peligro enorme en instalar programas que NO sabés lo que hacen, porque son de código cerrado. Te espían. Recopilan tu información personal. Y esa información no solo se usa para venderte basura que no necesitás: también se usa para manipular personas y países enteros.
Estas herramientas son drogas. Te dan la primera muestra gratis y, cuando te querés acordar, ya sos adicto y dependiente de ellas. Hay una dependencia tremenda a sistemas operativos como Microsoft Windows.
Mi respuesta: el software libre
Frente a todo esto, defiendo y uso software libre. Herramientas que te dan libertad y control de verdad, no una fecha de vencimiento. Con ellas hago todo mi trabajo, y son las que quiero visibilizar:
Más sustentable y más accesible
Hacer tecnología más sustentable y económica no es solo cuidar el planeta. Gracias al reciclaje y a reutilizar lo que ya existe, mucha más gente podría tener acceso a la tecnología. Lo que para algunos es "basura", para otros puede ser su primera computadora.
Por eso, mis proyectos
Cada proyecto que hago (Whisk3D, los ports para el Nokia N95, mi motor de juegos retro) es una demostración: el hardware "viejo" sigue siendo capaz. No lo tiramos porque deje de servir, lo tiramos porque nos convencen de que dejó de servir.
El software es arte
El software es uno de tantos problemas que tenemos como humanidad. Pero también es un arte hermoso, un arte que pocos comprenden. Nadie llega a apreciar la obra de arte que es Mario en una Family, Sonic en una Sega o Crash Bandicoot en la primera PlayStation, porque no conocen las limitaciones técnicas de esas consolas. No saben lo que sufrieron los desarrolladores para exprimir al máximo ese hardware. Si entendieran el contexto, cómo se hicieron y contra qué límites, capaz entenderían por qué eran arte.
El software es arte. Y es la herramienta que puede ayudarnos a mejorar el mundo... o a destruirlo.
¿Para qué todo esto?
El objetivo es simple y va más allá del código:
- Visibilizar la obsolescencia programada.
- Enseñar a aprovechar y revivir lo que ya tenemos.
- Generar conciencia sobre el consumo y la basura electrónica.
- Buscar un cambio hacia una tecnología más libre y duradera.